Objetivo cumplido, ¿ahora qué?

 La palabra perder viene, como siempre del latín. Perdere venía de "per", del todo, y "dar", dar; dar del todo. Quedarse sin eso. Quedarse sin nada. Mi pregunta es, si lo das todo, ¿acaso has perdido? En ocasiones puedes incluso haber ganado. Darle un valor cuantitativo a cada acto, ver si obtenemos más que lo que damos y así de seguido. Ganar o perder. No hay más opciones, y sobre todo no hay ninguna duda: a diferencia de la realidad, donde eso nunca queda claro, en el deporte todos sabemos quien gana y quien pierde. Es la ilusión que nunca conseguimos en la vida. Precisamente en esa oscuridad debemos extraer esperanza, eso sí que no se debe perder. No debemos perder la posibilidad de otro mundo.

En cualquier caso, nos pasamos la vida perdiendo. Perdemos tanto que al final podemos incluso creer que alguna vez tuvimos algo. Para eso sirve, quizás esta idea de que siempre perdemos. Hasta que terminamos de aceptar que uno puede perder tanto más que lo que tiene. Eso es para algunos la sabiduría. Otros dicen que los que se lo creen están perdidos. 

Lo que consideramos presente se ha reducido a un instante, una especie de filo entre el pasado y el futuro. Y en el filo de una navaja no se puede vivir. El presente real tiene duración. La duración exacta del acto en el que te encuentras. Aristóteles decía que se puede vivir y seguir viviendo en el mismo acto: el acto de vivir tiene duración, no es un punto en una línea. Eso es lo que hemos perdido.

Perder abre la posibilidad de una alternativa, rompe la lógica de la ganancia y excita la imaginación de otra forma de vida. Y porque aprender a vivir, como aprender a amar, siempre implica aprender a perder. Amamos lo que hacemos, amo lo que hago, y eso implica vivir, y por ello perder.

Ahora cuando corro, corro por y para mí. Si estoy en la montaña y quiero parar, paro, si quiero caminar camino, y si quiero reventarme las piernas yendo rápido, también lo hago. Antes corría sólo para demostrármelo. ¿Por qué vas a correr? me preguntan muy a menudo. ¿Cómo vas a ir ahora a correr? Seguro que  a todos os ha pasado. Y sí, en muchas de esas ocasiones, me lo replanteo. ¿por qué? En el fondo, en muchas ocasiones no quiero salir. Las piernas están pesadas, rígidas. Pero aun así, salimos por la puerta a la calle, al frío, al calor, al sol o a la lluvia. Y aunque  a veces no convenza, "es agradable".

Lo cierto es que ese momento justo antes de salir, justo antes de ponerte a correr es el peor de todos. No es fácil de describir si no lo has vivido. A veces es incluso difícil de explicártelo a ti mismo. No tiene sentido, correr es duro. Y aunque nos guste, si lo miramos fríamente, es una barrera de comodidad que tenemos que superar día tras día. Y cuando terminas, te das cuenta de que has corrido es un círculo y has terminado en el mismo lugar donde empezaste. 

Una vez entramos en esta vorágine, nos empezamos a obsesionar con los tiempos. Y yo soy el primero. Sea en ruta o sea en montaña, siempre miramos tiempos previos, hacemos cálculos a veces totalmente inapropiados, a veces muy certeros que nos permiten ubicarnos. Guiarnos. Hay algo reafirmante en esforzarse hacia un objetivo fijo, medir tu progreso en números fijos que no están abiertos a interpretación. Esos datos se nos presentan a los corredores como logros inequívocos en un mundo confuso. Si los números se mueven en la dirección correcta, nos sentimos bien en esa sensación de logro, de victoria. Y en cuanto un objetivo se logra, enseguida encontramos otro hacia el que dirigirnos. Por ello, podemos decir que correr es nuestra esperanza, pero es nuestra perdición. Lo damos todo por ello, y ese darlo todo nos hace crecer, nos hace ganar. Los tiempos que nos marcamos no son más que la zanahoria que nos colgamos delante para perseguir. 

Mientras corremos las capas de responsabilidad e identidad que hemos ido acumulando se van cayendo, nos vamos desprendiendo de ellas y terminamos siendo los crudos humanos que somos en el fondo. Es algo raro. En ciertos momentos queremos parar, como si estuviéramos en shock por nosotros mismos, por la imagen que todo lo acumulado nos proyecta. En ocasiones queremos parar luchando con nuestros intentos de dejarnos atrás. En ese momento, si continuamos, si corremos más fuerte, más profundo hacia esa soledad, hacia esos pensamientos, alejados del mundo de los pensamientos estructurados de nuestra vida, empezamos a sentirnos conectados, conectados con nosotros mismos. Con esa sensación real de quien somos. Es una meditación en movimiento. Se trata de dejar exhausto al ego. La búsqueda de la sensación de uno mismo. 

En ese momento, y desde que lo he podido vivir, no escuchas nada más. Tras una maratón, tras un entrenamiento duro o muy largo, todo parece estar en su sitio. Todo parece bien y en calma.  Y esa es otra forma de placer, de no estar en todo, de la posibilidad de desaparecer.

La emoción es energía en movimiento "energy in motion". Antes una maratón se veía como el objetivo final, la cima a alcanzar. Pero ahora parece no ser suficiente. Las barreras de estrechan y ahora todo nos parece poco. ¿Es una señal de desarrollo continuo, o es una señal de desacuerdo con la vida que llevamos, y que tenemos por ello que buscar algo más allá?  ¿Cuánto es suficiente? ¿A qué precio?

Y en números, ¿Cuánto y qué ha ocurrido en los últimos meses en esta transición del asfalto a correr por montaña? 

Por como me he encontrado en la preparación del maratón, mi propósito para la parte de la temporada enfocada en el monte sigue siendo parecido. Intentar mantener un alto volumen de entrenamientos, carreras largas al inicio para "mantener" o aprovechar la inercia de la velocidad de crucero del maratón, y de ahí acabar la temporada con carreras cortas. 

Las carreras largas: Trencacims, Zegama Aizkorri y T3T. Todas ellas superando las cuatro horas. Por ello, el volumen y tiradas se mantienen. 

Entre ellas, carreras cortas: KB Txindoki, Media Maratón Pamplona, Zegama KB

  • 16-22 marzo: 44km +1200 (semana descanso tras maratón Barcelona)
  • 23 marzo-29 marzo: 110km +3000m
  • 30 marzo-5 abril: 130km +5000m
  • 6-12 abril: 125km +3300m
  • 13-19 abril: 137km +6000m
  • 20-26 abril: 112km +5000m
  • 27 abril-3 mayo: 70km + 4000m (esguince de tobillo)
  • 4-10 mayo: 101km + 3000m
  • 11-17 mayo: 125km +5000m
  • 18-24 mayo: 113km + 3400m
  • 25-31 mayo: 116km +4300m
  • 1-7 junio:120km + 3000m
Cojo la época estival con el cambio de hora pasado, los días largos y la luz que me recuerda que la vida sigue adelante, que los años pasan, pero algo más despacio en estas épocas. Este momento en el que la luz coge un tono amarillento los primeros días, que progresa a anaranjado y termina siendo rojizo en los meses de agosto. Una metáfora de que la vida quema. De que hay que exprimirla. De que cada día que pasa estamos más cerca de aquello que un día quisimos, pero un día más cerca de que ese día pueda no llegar y nos hayamos ido. Físicamente, o en cuanto a motivación se refiere. La competición, deportiva, laboral, la competición con la vida,... deportiva en este caso, no deja de ser una paleta de colores, un degradado de claro al oscuro. Cuando empiezas, todo es motivación, todo son ganas y todo es inercia. No lo piensas, solo lo haces, y sienta bien. Pero luego, poco a poco, esa inercia va desapareciendo. En ocasiones apatía y en otras excitación. Cuando las ganas van y vienen, los pensamientos intrusivos nos asaltan. Por demás cuando se van. Pero cuando te rodeas de gente de verdad, real y que comparte tus ilusiones, las luz vuelve. La vida se recupera. Que el deporte es algo primordial, necesario en mi vida, lo tengo más que claro. Que la gente que he conocido por el deporte y con quien comparto momentos cuando la respiración ya se entrecorta son la chispa de que siempre quiera continuar, es la mayor verdad que me puedo contar. Podré perdonarme una mala carrera, una mala decisión, una mala actuación... pero por lo que he ganado en personas (cualitativamente), no podría perdonarme fallarles.


Desde luego, la sensación del "after run" es el motivo por el que persisto. Con cada paso estamos mas cerca. Un buen entreno sienta bien, una buena carrera no te digo, pero la charla de después y ver la sonrisa de la gente que disfruta de lo mismo que tú, cuando estás lleno de barro y sudor, no hay mayor motivo.

El camino que tomamos es nuestra forma de conquistar un tiempo propio, donde lo importante sucede con un propósito concreto. Uno que nos demuestra que recordar tiene mucho que ver con el deseo de "regresar a casa". Solo queremos confirmar aquello que creemos que existe. Mi casa son esas personas.

A todas ellas, que se que leen estas líneas, que me sirven para desahogarme, a modo de introspección y como salvavidas a veces; lo siento, ha sido un tiempo sin pasarme por aquí. Espero no decepcionar, pero ya se que sabéis que todo está bien. Que estoy y estamos bien porque, ya han sido varios los abrazos en los que nos hemos envuelto desde el último artículo publicado.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Vuelve una cierta calma, vuelta a la carga

Últimos coletazos aprovechando la inercia

Redención-Ep1 Maratón BCN