El día D: maratón Barcelona 2026
Leer a los filósofos estoicos antiguos es uno de los mejores analgésicos que puede haber. Como una medicación, no quitan las causas del dolor, pero ayudan a soportarlo. Más bien a enfrentarlo. El dolor, el miedo, creo que uno va acompañado de la mano del otro. Y es que, los estoicos no prometen la felicidad; pero ofrecen consejos para no vivir y morir como "nada". Explican con minuciosa crueldad que hay cosas que controlas y cosas que no, y que hay que aceptar que eres tú quien se tiene que adaptar al mundo, y no el mundo a ti. Eres tú, no el resto. Son tus actos, no las consecuencias de los actos ajenos. El estoicismo te prepara para el paisaje hostil, para poder decidir como un francotirador, sabiendo a qué hay que disparar y a qué no. Leerlos te reconcilia con la idea de que perder cosas no es una tragedia personal, sino una norma universal. Es una regla.
Y es que, tras 15 semanas de preparación, lo último que quería, era cagarla. Me encontraba muy bien, confiado, pero esos nervios finales siempre asoman y te intentan hacer creer que lo pueden fastidiar todo y echarlo por la borda. Por si fuera poco, la última semana es en la que bajas el entrenamiento, vale más el descanso, y el trabajo está hecho. La cabeza lo sabe, pero le cuesta aceptarlo. El cuerpo no lo sabe y sigue en la misma rueda, manteniendo la inercia. Es una sensación extraña. Tienes tiempo para pensar mucho, y eso es muy bueno pero también muy malo. Los entrenamientos esta semana fueron:
-Lunes: 1h de elíptica y 45´ de trabajo complementario en gimnasio
-Martes: 15km por la mañana y 15km por la tarde. Este día, recuerdo que al llegar a casa por la noche, pensé: "Ya lo has arruinado todo". Pero realmente, escuché en un podcast que "una carrera de un día, estando bien preparado, no debe suponer más esfuerzo que un entrenamiento de cierta intensidad". Y así era, 30km los martes o los miércoles, era lo que venía haciendo las semanas previas, por lo que mi cuerpo (y mi mente) lo pedía. Sabía que estaba preparado.
-Miércoles: 18km por la mañana (5km a ritmo maratón) + 30´ de fuerza explosiva y pliometría después. Por si fuera poco, y siguiendo mi instinto, 11km por la tarde para rematar todas mis dudas y mis ganas. Por una parte sentía que me estaba haciendo un favor a mi mismo, por otra pensaba que me estaba suicidando.
-Jueves: 10km muy suaves. Sabía que de aquí al domingo empezaban los días clave.
-Viernes: 7km algo alegres por la mañana antes del viaje en tren. 2h de paseo por la tarde, coger la bolsa del corredor y pasear por Barcelona. Empezaba a entrar en modo carrera.
-Sábado: 45´de ejercicios complementarios en casa y 13km por la mañana. ¿Mucho? Algunos dirán que sí, la teoría del entrenamiento puede que también. Pero mi cuerpo me lo pedía, me encontraba bien. La confianza crecía.
De esta manera, llegaba al domingo de carrera con 90km. Llevaba 15 semanas en las que llegaba al día largo o importante de la semana con 120-130km; por lo que mis piernas estaban frescas, la cabeza estaba donde tenía que estar.
Todas las líneas convergen en un punto lejano, inaccesible, como si la instantánea repitiera una intuición antigua: la de que mi vida avanza hacia un lugar quimérico. Ahí me encontraba, tras 7km de calentamiento. Todos los nervios de la semana, los pensamientos negativos de las semanas previas, se esfumaron como por arte de magia. Instantes antes del pistoletazo de salida, estaba tranquilo, recuerdo respirar profundo varias veces, diciéndome: "demuéstratelo".
Todo convergía según pasaban los kilómetros. Las fachadas, repetidas a derecha e izquierda, me iban trayendo a la memoria los días que tanto se parecían los unos a los otros. Donde ya desde despertar pensaba: "lunes X kms, martes X+ kms,..." en bucle. Salimos e íbamos marcando el paso por los kilómetros a un ritmo de 2:24:xx. Me dije: "puede que sea excesivo, pero no hay más que hacer. Estás aquí, aprovéchalo, y déjate la piel". Entorno al km 6 encontré a Carolina Robles, y sabía que su objetivo era la mínima europea. Pero el ritmo decía que se la iba a merendar. No rodábamos para 2:26:xx. Me soldé al grupo, me encontraba cómodo. 1:12:28 al paso de la media maratón. Ahora solo cabía pensar en si la segunda era en positivo o en negativo. Al paso por el km29, empecé a notar algo de flojera. Quedaba lo peor, del 30-35, ligero ascenso y viento en contra. No había que pensar en que te dolían las piernas. No se piensa en eso. Solo me decía: "llega al 35, y de ahí a meta cuenta regresiva". Y así fue. Al paso por el 37, último botellín de agua, mitad para dentro, y mitad por la cabeza. Era lo que necesitaba en esos últimos 5kms, cabeza fría. Cuando pasé el km39, el cuerpo dejó de quejarse, recuerdo no notar nada, iba como volando, flotando por el asfalto de Barcelona. Y esta vez sí, a diferencia de Valencia 2024, lo di todo hasta cruzar la línea de meta: 2:24:56. Se cumplieron mis mejores pronósticos.
El punto final, lejano y diminuto, podría representar el futuro o la memoria que a veces se encuentra en el horizonte. Y es ese horizonte en el que pensaba cada día en lo que al entrenamiento respecta durante las 15 semanas previas al día D en la ciudad condal. Pero claro, existe también en esa extraña sensación de orden una leve inquietud, como la que produciría descubrir una errata. Un fallo ortográfico que anula una novela. Para que eso no ocurra, he descubierto que es imprescindible repasar. De igual manera que ocurre al estudiar una lección en vísperas de un examen. Ese repaso organiza la mirada, organiza la visión del horizonte, pero no garantiza el éxito del empeño. Este éxito, el verdadero propósito final, no era la maratón. Ha sido, y será en lo venidero, un medio para un fin. Es el medio para el descubrimiento.
Creo humildemente que he trabajado mucho en esta preparación. Honestamente, ha habido días en los que no me ha apetecido salir a entrenar, y he salido. Ha habido días en los que "no tenía" que salir y he salido. Ha habido días, muchos días, de pensar que no lo estaba haciendo bien, que me estaba engañando. Pero a la vez ha sido un periodo de tiempo que me ha dado confianza en mí mismo. He podido creer en mí, creer ed verdad; verme o proyectarme en un futuro realizable. Y sólo por esa sensación, ese saberte dueño de ti, solo por eso, ha merecido la pena.
Gracias a todos los que me apoyáis, los que seguís estas líneas y estáis ahí. Estas publicaciones son la representación subjetiva y no medible del reloj, mientras que parar el crono en 2:24:56 fue la representación objetiva y medible. La primera es la que perdurará, y con la que espero volver a enfrentarme a la distancia de Filípides y a un nuevo viaje. He aprendido mucho, y con eso basta.
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