Ep.6 Redención: últimas semanas

 Empiezo a escribir en el tren, es un intento de comprensión de lo que está pasando, estoy pasando o me está pasando; y que luego se convierte en una forma de memoria. En este texto. La escritura es un cuestionamiento perpetuo.  Y como ya vais sabiendo quienes me leéis, he decidido exponer aquí mi propio crimen; recurriendo a la autoparodia. Tomándomelo enserio, sin tomármelo a mí. 

Alguien dice que vivimos un momento de tanta luz que corremos el riesgo de quedar deslumbrados y no ver la realidad. Pero no solo es luz, también es el ruido. Y por eso, no se si estamos ciegos o sordos. La cosa es que ni vemos ni oímos las señales. Las buenas y las malas. Las sensación y las impresiones. No tengo juicios ni verdades que proclamar. En este proceso, he hecho lo que he podido, lo que me han mandado, pero sobre todo, lo que he querido. He sido feliz muchas veces, me he asustado otras muchas. He confiado y me he derrumbado. No se nada, farfullo sobre mi verdad, sencillamente.

Mi camino a esta maratón lo veo, me lo cuento para ser preciso, como la historia del héroe. No para nadie, no soy tan orgulloso, el héroe de saberme mejor ahora que hace unos meses. El héroe es, por definición, alguien que va a un sitio sabiendo que puede morir. Si no existe la posibilidad de muerte, no es un héroe. He arriesgado, sabiendo que si salía bien, iba a ser precioso, y que si no, iba a doler. 

En en esa labor casi invisible, poco agradecida y apenas vendible a corto plazo donde está el secreto del éxito o, por decirlo de otro modo, el antídoto frente al fracaso y en el peor de los casos contra la catástrofe. Pero el problema radica en ese "muy vendible corto plazo". Esto no se trata de eso. Es muy glamuroso, pero poco llamativo. El problema de esos apresuramientos de lo exprés es que nada se disfruta realmente. Porque el placer requiere tiempo, sosiego y maduración. Ver como vas avanzando, como tu cuerpo cambia. Este uno de los principales motivos por los que disfruto tanto las preparaciones de 16 semanas, y por lo que os recomiendo que lo intentéis. 

En estos periodos, hay sombras y luces. Y hay discordancias entre la realidad y su reflejo oscuro. El reflejo oscuro no obedece. Viene sin avisar. La sombra además, suele llegar tarde, como esas explicaciones que uno se da a sí mismo al día siguiente de un fracaso. Y esa sombra, no acompaña, persigue. 16 semanas de luces y sombras. El cuerpo ensaya la victoria y la sombra toma apuntes. Necesita repetición y desgaste, tiempo. Y de eso hay mucho en 16 semanas. Hay tiempo para dolores y glorias. 16 semanas y un día, un único día, que separa al cuerpo de lo que podría llegar a ser si su sombra se lo permite. 

  • Semana 16-22 febrero 
    • 163km carrera a pie (+1000m)
    • 1h gimnasio
    • 15km paseo
  • Semana 23 febrero-1 marzo
    • 2h elíptica
    • 15km paseo
    • 2h gimnasio
    • 165km carrera a pie (+1200m)
  • Semana 2-8 de marzo
    • 2:15h gimnasio
    • 20km paseo
    • 150km carrera a pie (+1100m)
    Y con y un bizcocho, entramos en semana de carrera.

Tras la media maratón, venían las semanas de series largas. Interiorizar el ritmo objetivo. De esta manera, la primera el viernes 20 de febrero, 10km a ritmo maratón por la mañana. 
La semana siguiente, llegar al domingo con 130km, y poder hacer un largo de 35km con 20km entre medias a ritmo maratón. Da confianza. 
Sobre todo, en estas ultimas semanas destaco la capacidad de sacar los entrenamientos pese a llevar acumulados muchos kilómetros. Viernes por la tarde, entrenamiento progresivo de 17km. Sábado 25km controlados, y para colofón, y como mejor entrenamiento de esta preparación, 37km, 24km a ritmo maratón. Dos semanas antes del día D. El entrenamiento definitivo que debía salir, y salió. Ahora tocaba confiar.
Y finalmente, una semana antes, el domingo previo, un progresivo controlado, 10km 3:45+12km 3:33; cerrando la última semana. Metiendo el pastel al horno, o empezando a cocinar el guiso para la cita de ciudad condal.

Y es que, ¿bajar a los infiernos es necesario para renacer? Lo he pensado y creído muchas veces. Pero cada vez mas frecuentemente pienso que sin llegar abajo, desde arriba el prisma es distinto, y que desde ahí se ven más caminos, más posibilidades. Pero es inevitable atravesar ese territorio de dolor donde la vida carece de sentido. Sientes que no vas a poder. Te culpas de lo hecho y de lo no hecho. El dolor no lo produce la pérdida en sí, si no el esfuerzo que hacemos para intentar que la pérdida no ocurra. En ese territorio, la soledad aterra y libera. Nos separa de los otros y nos acerca a nosotros. Pero es que, si estuviéramos completos siempre, ¿Qué buscaríamos? La felicidad no hay que encontrarla dentro de uno, si no que hay que construirla. Ese proceso es lo realmente importante. 

Eso es lo que he tratado. Buscarme a mí y encontrar razones en todo el recorrido. Cada día y cada decisión es una razón. Este es mi humilde elogio al hacer por hacer, andar por andar o correr por correr. Porque es en ese preciso instante donde comienzas a poder relacionar ideas, pensamientos... para ir avanzando en la búsqueda. Cada día es una pista más en la búsqueda del tesoro. Una desconexión del febril ahora. Una labor discreta, silenciosa e infructuosa para algunos, ya que no produce nada salvo experiencias y tiempo para algunas reflexiones. Es un plan de contingencia: cuando todo falla, siempre están tus piernas. 

Salgo a merced de mi mismo: me dejo llevar. Me emborracho de ideales. Sin finalidad aparente, solo con el objetivo de eludir cierto desasosiego y con la necesidad de tomarme un respiro. En soledad continuo la senda. Esquivo y rebaso los obstáculos con determinación y entusiasmo. Nada me quita la alegría de hallarme ante un camino nuevo, un camino nuevo y mío. Y así, prosigo. Como filosofía de vida, de desdibujarme. 

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