Últimos coletazos aprovechando la inercia
La ciencia no progresa por la verificación de teorías correctas, si no por refutación de teorías erróneas. Nuestros errores son tan instructivos como nuestros aciertos. Nos guste o no nos guste.
Nuestras causas siguen siendo indignaciones de indignados. Necesitamos causas que no consistan en perder un poco menos sino en creer honestamente que podríamos ganar algo: pelear para ganar y no para disminuir los daños. Ojalá las encontremos pronto, ojalá las construyamos pronto. Ojalá nos olvidemos de frustrarnos. Pronto.
Y es que, ¿Cuántos infiernos debe habitar una persona antes de poder ver su vida? Cualquiera que quiera vivir siendo sincero consigo mismo corre riesgos. Siempre hay un riesgo en esforzarte en verte como eres, y en un determinado momento te das cuenta de que hay que empezar a vivir de verdad. Estamos en transición. Todos nosotros. Somos temporales y vivir es cambiar. Lo que escribo es un dialogo entre una parte de mí que necesita ayuda y otra que intenta ofrecerla. Es tu mejor lado hablando con el más perdido. Pero eres tú.
Conocemos (nos conocemos) cuando tememos esos cambios que nos alteran todo a nuestro alrededor, nos desesperamos a veces al resistirnos a la inevitable renovación. Las fronteras son inventos de ocasión, efímeros, y organizarse (realmente organizarse) a partir de ahí ponernos serios. El mundo está lleno de gente que tiene ganas y talento pero que no consigue reconocimiento. Hay hogueras interiores que te van quemando hasta que no sabes ni quien eres. Los clásicos enseñan que se puede ser víctima y verdugo. Hay dos pulsiones continuas. Vida y muerte. Una pulsión absolutamente autodestructiva, y una absolutamente constructiva. Es un viaje de la muerte a la vida. De la oscuridad a la luz, de la noche al día; de nuestro día a día, veinticuatro siete.
En esta búsqueda, cualquier noción de calma cuenta hoy con enemigos. En realidad, algunos no aspiramos a una clausura total, si no solo a una mansedumbre urbana; a esa paz tan habitable de las casas la mañana de los sábados. Decía Schopenhauer que no hay peor tortura que el ruido para el intelecto; de modo inverso, todo lo que quitamos al silencio es terreno que dejamos libre para lo peor de nosotros mismos.
Me parece fundamental recuperar la alegría a pesar de que parezca que es el peor momento para estar felices. Es mucho mas fácil resistir en la lucha cuando tienes alegrías por las que vivir.
Y en esto se ha basado este último mes, en aprovechar la inercia que llevaba tras los últimos meses de altibajos, aprovechar los momentos e ir sumando, sin pausa pero sin prisa, compitiendo según me apetecía, y sin apresurarme. Quería aprovechar el final de temporada, tener continuidad y poder poner un bonito broche. Cerrar 2025 en el aspecto competitivo con buen sabor de boca, ya que a grosso modo no ha sido el año deseado. Tras empezar bien en la ruta, y alguna que otra carrera buena en montaña, no he podido disfrutar de continuidad y progreso, por lo que ahora he querido darme el gusto de disfrutar de ver cómo las sensaciones van mejorando conforme sumas semanas de buen trabajo sin tener problemas.
El mes de octubre empezó con el kilómetro vertical de Anboto, como habéis podido ir viendo, no he estado acumulando semanas de más de 3000m+, por lo que sabía que mi rendimiento no iba a ser óptimo. Ya desde la carrera de Aoiz, mi enfoque mental estaba puesto en las carreras de asfalto de fin de año. Terminar la temporada en la ruta, hacer un parón de descanso para asimilar la carga y empezar una preparación de maratón adecuada, buscando una MMP, que me gustaría, y afrontaré, como un gran desafío. De esta forma, Anboto KB 43:47, 12" peor a mi mejor marca, por lo que me dejó con buen sabor de boca. Al día siguiente, pude completar 27km a 3:54'/km, con un bloque de 7km sub 3:40, y este entrenamiento sí que me dio confianza.
La semana siguiente a Anboto, la tomé como una semana normal, ya que un vertical es exigente a nivel cardiopulmonar, pero a nivel muscular no genera excesivo daño por no tener el componente excentrico, por ello, el domingo siguiente me enfrenté a una carrera popular solidaria en Pamplona de 5km. El recorrido no era nada favorable, con mucha curva, y tampoco fueron 5km reales, si no más bien 4,8km, que pude correr en 15:13 y subirme al primer puesto del cajón. Una vez más, contento con la actuación en asfalto.
Desde esta carrera el día 12 de octubre, quedaban 2 semanas hasta la última de montaña del año. Aldapegora en Elorrio, en casa. 16km, de terreno corredero y por los caminos que conozco. Esta carrera me hacía mucha ilusión.
El fin de semana del 17-19 octubre tuve que ir a Madrid a un curso de formación, y tuve la suerte de que en un parque cercano al apartamento había un recorrido circular de 1,2km de tartán. Por ello y la facilidad de correr que eso generaba, esa semana fue la de mayor acumulación de kilómetros, y de muy buenas sensaciones, por lo que encaraba la semana de Aldapegora con mucha confianza.
En relación a la carrera, el objetivo era bajar de 1:12 para los 15km iniciales. Finalmente un cambio de recorrido produjo que fueran 16,5 km y unos 900m+, que terminé en 1:14:52, a 12" del primer puesto. Pude mantener el liderato hasta el comienzo de la bajada larga, donde el segundo me adelantó, y pese a recortarle distancia en el tramo llano final, no fue suficiente. Un sabor de boca muy bueno, y contento de cerrar el año de trail de esta manera.
Finalmente, la carrera de las Murallas 15km en Pamplona. Conocía el recorrido, aunque era la primera vez que me enfrentaba a esta distancia. Como de costumbre, mirando los tiempo de años anteriores, mi objetivo personal era rondar los 50-52', lo que hace un ritmo de 3:20-3:25'/km. La idea inicial era imponer un ritmo fuerte pero no excesivo de inicio que nos permitiera ganar distancia con los rivales, pero no pudo ser. Pasamos los primeros 5km en 16:20 aproximadamente, un grupo de 5, y tras ir en cabeza de grupo, en el km 7 tuve un momento de flaqueza donde creí que no podría terminar a ese ritmo y que por tanto ahí acababa mi carrera. Para mi asombro, el grupo de 4 de delante no aceleró y ese pequeño ralentizar el paso me permitió recuperarme para volver a ponerme en cabeza en el km 10. Ya en el km12 el ganador hizo un cambio de ritmo que no pude seguir y finalicé segundo en meta con un tiempo de 52:06. Viendo el recorrido, la meteorología de esa tarde, y los 98km que llevaba acumulados esa semana, termino más que satisfecho.
En esta etapa final de la temporada, un cambio que he intentado integrar, y sobre el que aún estoy trabajando es el aumento de la cadencia. Solía rondar las 170spm, pero me gustaría acercarme a los 180spm, lo que ayuda a mejorar la técnica de carrera y por tanto la eficiencia. Esto creo que me ayudará a lidiar mejor con algunas de las molestias habituales que suelo tener, sobre todo cuando empiezo a acumular mayor volumen.
Ahora, aunque auto obligado, me tomaré unos días de descanso para asimilar la carga de las últimas semanas, buscar una "supercompensación" que me permita empezar la preparación de la maratón de marzo en el mejor punto inicial posible. Nunca nos gusta parar, pero sabiendo que es por un bien futuro y no por lesión, no duele tanto y se acepta mucho mejor. La constancia es clave en este juego, y a veces, aunque nos cueste, hay que mirar las cartas de la baraja y pensar en la siguiente jugada; pasar el turno y no "all in".
Así pues, el resumen en números de mis últimas semanas y las competiciones de octubre:
- 29 sept.-5 octubre: 116 km carrera a pie (+2500m) // 70km bici // 90' gimnasio // 75' elíptica
- 6-12 octubre: 122km carrera a pie (+2500m) // 1h bici // 2:15h gimnasio // 3h elíptica
- 13-19 octubre: 141km carrera a pie (+1000m) // 1h bici // 2:30h gimnasio // 90`elíptica
- 20-26 octubre: 117km carrera a pie (+2200m) // 1:15h bici // 2h40 gimnasio // 40´elíptica
- 27octubre-2 noviembre: 123km carrera a pie (+500m) // 2h gimnasio // 2:30h elíptica
"El arte es una herida hecha luz". Y en efecto, qué podemos hacer con la cantidad ingente de heridas de la vida sino intentar convertirlas en luz, en algo aprovechable, para que no nos destruyan. El arte, todo arte, es en primer lugar comunicación, es un esfuerzo común para darle sentido al sinsentido, a la confusión y para hacer del caos un lugar habitable; permitiendo domesticar a los demonios del mal y del dolor. Para al fin, domesticarnos a nosotros mismos. Para poder, al fin y al cabo, sobrevivir. Como decía Clarise Lispector "Escribo como si fuera a salvar la vida de alguien. Probablemente mi propia vida. Por eso leemos, y escuchamos música, vemos cuadros, y algunos también corremos. Ahí estamos todos. Viva el arte. Y como decía el libro de Murakami, esto es en mi caso "de qué hablo cuando hablo de correr".
👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼
ResponderEliminarme alegro de que te haya gustado! gracias por el apoyo :)
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