Elegir y disfrutar
"Las victorias no nos hacen sentir tan bien como mal nos hacen sentir las derrotas, y las buenas sensaciones no duran tanto como las malas".
Correr por montaña, el "trail running", es una expresión perfecta de lo que puede significar "estar en el momento". Todos sabemos que no siempre ocurre, pero cómo de importante es saber reconocerlo. Estar presente. Es difícil estar en esa órbita entrenando, y cuanta garantía da estarlo en competición. Es más fácil no generar cambios mentales en carreras en ruta, la monotonía del gesto, del recorrido, del ambiente lo propician. No es tan fácil de mantener en la montaña. Sube, baja, piedra, pista, barro, arena... una multitud de factores que traban la capacidad de "estar". La capacidad de concentración tiene que ser máxima, esa es la contradicción. Para dar lo mejor de nosotros mismos es necesario ser capaces de sacar esa fuerza de concentración y foco interno. Es más que necesaria en competición, pero es indispensable en el día a día.
No nos ganamos el pan de esto y eso puede facilitar y a la vez complicar la situación. Es un continuo "quiero", un continuo, "¿debo?"; y viceversa. "¿Quiero?", o "debo". Ahí juega su papel la concentración. Llamémoslo de cualquier manera, pero primero tenemos que dar lo máximo en el trabajo, y luego queremos rendir en el deporte. Pero ante todo, tenemos que rendir cuentas con nosotros. No deberíamos dudar de si nuestras acciones son las adecuadas, el contexto del día a día varía, al menos en mi caso; y eso varía las consecuencias de nuestras acciones. Deberíamos juzgar nuestras acciones por sus consecuencias, y ver las acciones desde el punto de que un día sólo se parece a otro en su duración; nada más. El contador se pone a cero cada vez que nos despertamos.
Silenciarlo todo es algo complicado y un cuchillo de doble filo. Pero una vez más la herramienta preferida para combatir la batalla es calzarme las zapatillas de correr y poner un pie delante del otro. Llevo corriendo de forma continuada algo menos de una década, y aunque mi amor por el deporte no ha cambiado en ningún momento, la forma de verlo y la perspectiva ha ido evolucionando e involucionando. Las razones por las que me calzo las zapatillas y acumulo kilómetros varían, pero siempre son la mecha que enciende el cambio, y que a la vez apaga mis incendios.
La motivación inicial que nos incita a salir a correr, a practicar un deporte, y la razón por la que mantenemos y construimos una rutina, suelen ser distintas y se van transformando. Conforme nuestras capacidades y rendimiento van progresando, la línea final se va poniendo cada vez un poco más lejos. Se aleja la meta, pero se aleja el punto de partida. Buscamos una progresión continua. Nunca partimos del mismo punto de partida. Nunca un día es igual que el anterior. Llega un momento en el que indiferentemente del ámbito que compitamos, sea montaña o sea ruta, el objetivo es derribar nuevas barreras; y es difícil olvidar esa actitud. Todavía queremos ver si podemos ir más lejos y más rápido; y tener un camino a seguir para lograrlo se ha vuelto importantísimo para mí últimamente. Si tus expectativas son certeras no necesitamos llorar si trabajamos para ello. Si tus expectativas son excesivas, no son reales y tampoco merece la pena llorar. Si tus expectativas son bajas y las consigues, puedes no estar satisfecho.
Saber hacia donde voy, cual es la dirección a seguir, con conocimiento de que encontraremos pausas, interrupciones e incluso giros o rotondas. Creeremos que siempre estamos dando vueltas en el mismo círculo; la monotonía nos engullirá, y para que eso no se imponga en nuestras vidas, veo imprescindible que aquello con lo que nos enfoquemos difiera, aunque solo sea en pequeños matices, pero es que ahí está la clave. No podemos querer llegar a dos puntos a la vez.
Como quienes seguís las carreras, el blog, y me conocéis, todas las personas con las que comparto estos maravillosos momentos, el mes de mayo-junio fue algo inusual con 3 carreras de más de 4h. Esto requiere una preparación específica, y que salgan muchas cosas bien. Como ya dije, requiere gestión; y no poder controlar muchos de esos factores externos es algo que no me gusta en competición y diría que incluso me asusta cuando me pongo el dorsal. Por ello, desde ahora y hasta espero, Zegama-Aizkorri 2027, no tengo intención de hacer carreras largas, a excepción de la maratón de asfalto; pero esto es otro mundo en el que ya ahondaré. Ya sabéis, y creo que yo mismo soy cada vez más consciente de que soy más atleta que montañero. Enfoco ambos mundos desde dos lentes distintas, y por ello aún se me hace bola tener que unirlas. De momento, me quedo con lo que denomino "atletismo de montaña", y es a lo que dedicaré mis entrenamientos y foco hasta fin de año. Carreras de no mucho más de una hora, pero que quiero afrontar con garantías y pudiendo exprimirme y sentirme bien, exhausto y sin dejar nada por el camino. Creo que me podría caracterizar por entrenar mucho volumen, muchos kms, y algunos creerán que no es necesario, y yo en ocasiones también. Pero es mi enfoque, es lo que me gusta y lo que creo que a largo plazo mejor me va a venir. Sea como sea y venga lo que venga, personalmente, mi prueba fetiche desde hace 2 años, será siempre la maratón, y ahí no hay discusión, no hay batalla. Barcelona 2027 ya está en mi punto de mira y todo va a sumar.
Junio:
- 8-14 junio: 125km +4000m carrera a pie // 100km bici +1500m // 1h gimnasio
- 15-21 junio: 75km +1300m carrera a pie // 120km bici +2000m // 40km paseo // 2h gimnasio
- 22-28 junio: 112km +4500m carrera a pie //100km bici +2000m // 1h gimnasio
- 29 junio-5 julio: 120km +3000m carrera a pie // 85km bici +2000m // 90' gimnasio
- 6-12 julio: 110km +3000m carrera a pie //88km +1500m // 1h gimnasio
- 13-19 julio: 115km +2700m carrera a pie // 110km + 2500m // 1h gimnasio
- 20-26 julio: 123km +1300m carrera a pie // 150km bici +3000m // 90´gimnasio
A muy pocos de nosotros se nos concede la gracia de conocernos a nosotros mismos. Hace poco leí que Truman Capote dijo: "cuando Dios te da un don, también te da un látigo; y el látigo es sólo para fustigarte". Ese don, podríamos llamarlo vocación, es también una condena. Debemos reconocer los extremos opuestos que hay en nosotros y, si no podemos reconciliarnos con ellos, siempre debemos aceptarlos y seguir adelante. Lo único que no podemos hacer es ignorarlos.
Me planteo por qué todo me afecta. Lo vivo todo como un diez o como un cero, y debería vivirlo como un siete. Siempre he sido noches y días, de luces y sombras, y de pasar del todo a la nada y de la nada al todo. Esta intensidad es una forma de locura. Me atrae lo difícil y el sufrimiento; sentir la sensación de vacío... siento que necesito la calma que me da estar en el diez, o en el cero. No se si busco la paz, pero por lo menos la paz es donde quiero vivir. Cada vez tengo más claro que esta calma llegará cuando realmente enfoque todo en un único camino. No querer llegar a distintos destinos a la vez ya que no es posible. Aceptarlo, entenderlo, valorarlo y corregirlo.
Como siempre, gracias por seguir leyendo y estando ahí. Todas las sugerencias sabéis que son agradecidas!
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