La libertad es abrazar las consecuencias

 Desde niño tengo el recuerdo de mi madre diciendome: "Si eliges una cosa estás diciendo que no a otra"; y esto me lo ha dicho con 10 años y con casi 30 que tengo ahora. Hace poco viendo una serie de televisión la voz en off decía: "La libertad es abrazar las consecuencias". Y no pude no acordarme de las palabras de mi madre. Y es que a eso se resume nuestro día a día, nuestra vida. 

En este periodo de algo mas de un mes sin competir, sin realmente estructurarme el entrenamiento y guiándome por mí, por mis sensaciones y por mis ganas o por la ausencia de ellas he podido reflexionar. He podido dudar, he podido acertar y he podido elegir. Como decía en la entrada anterior del blog. "Elegir y disfrutar": esas elecciones hacen que rechacemos otras, hacen que hagamos lo que realmente nos llena, que moldeemos nuestro carácter y que seamos dueños de nosotros mismos. Si somos la consecuencia de nuestras elecciones seremos libres. 

Como la mayoría de las cosas que merecen la pena, muchas de ellas se mantienen en lo personal y privado, en solitario. Por muy bien que podamos expresarlo con historias, palabras o fotos la experiencia nunca se traslada de la misma forma con la que está guardada en nuestro cuerpo y mente. Podemos tratar de explicar sensaciones sin acierto exacto, extrapolar datos, pero siempre serán imprecisos en algún porcentaje. En el mundo del deporte podría asemejarse a las métricas de salud del reloj, anillo, pulsera,... y el propio cuerpo de deportista. Si tenemos todos los gadgets de salud y ni entre sus propios datos se ponen de acuerdo, ¿por qué no nos damos importancia a nosotros? El deporte es como la vida o la vida es como el deporte. No debemos dejar que lo externo y ajeno a nosotros cambie lo que realmente nosotros mismos sabemos de primera mano. Reconocer el esfuerzo que supone el entrenamiento para una carrera específica, una preparación ambiciosa y larga, es difícil de entender para toda persona que no sea el propio protagonista. Y para el protagonista no puede pasar de largo que para ser él el actor principal, necesita actores secundarios y figurantes que llenen su escena.

La adicción es complicada. Su origen yace en el latín, significa estar apegado, entregado o dedicado a algo de forma voluntaria o involuntaria. Es una necesidad de algo de lo que no podemos abastecernos lo suficiente. No he tenido nunca un problema con el alcohol, sí con otros ámbitos de la vida, y suelo fácilmente fijarme/obcecarme en correr una cierta cantidad de kilómetros en una semana. Por ello, y por los caminos que ello me ha llevado a transitar estoy intentando ahora buscar un equilibro más que una necesidad de control. La búsqueda de una sensación de vivir mi vida más que compartimentalizar éxito y logro para que no se mezclen. Sé que no hay un momento ni acto de graduación en esto, por lo que no hay un final si no una constante evolución.

Quiero escuchar a los que "van al corte de las carreras", a la gente con vida plena, la gente que lucha contra sus demonios y la gente que corre por el amor puro a ello sin la necesidad de ganar. Controlar los controlables. Es lícito en este punto decir que la mayoría de nosotros necesitamos conocernos más profundamente. Preguntarnos, ser sinceros y hacer ajustes más que repetir los mismos patrones una y otra vez. Es un contrato con tu propio cuerpo para poder renegociar. A veces perder el control y ganar el control están en el mismo lado.

Por ello, repetir o importar las tradiciones del lugar de donde has huido, del lugar que te ha fallado, es condenar al lugar que buscas a los mismos fallos. Por eso, me gusta la idea de transmitir o transportar a los lectores al mundo de un corredor, a su día a día; al mío. No por narrar heroicidades, si no por intentar entender yo mismo como encajar las piezas del puzle de la vida. Correr se ha convertido en un medio para darme cuenta, para apreciar y para conocer. Correr como un medio para entender(me). En muchas ocasiones me he preguntado si corro para alejarme de la soledad, si empecé a correr por eso o si en algún momento me ha pasado. Honestamente creo que sí. Tanto correr hacia algo, como correr para huir de algo. Buscar tener tiempo en soledad y duda, pero también atravesar momentos de pura alegría. Escribir sobre estos momentos me ayuda a canalizarlo, porque sé que no van a desaparecer.

Correr puede traer riesgos, puede traer alegrías, puede traer ambas a la vez. Y es que correr va de retos, de pasar umbrales, líneas o barreras. Los retos pueden ser lo que nos persuada para correr, esa necesidad de sacar el entrenamiento sabiendo que es importante para obtener un resultado deseado, o por lo menos para vernos capaces de ello. Pero no creo que yo corra por razones externas, si no que más bien es a la inversa, corro porque correr me da las razones para hacerlo. Correr se justifica a si mismo. Tras horas de trabajo bajo techo y luz artificial, tras días de altibajos anímicos, laborales... tras horas de incertidumbre y poca certeza, correr es una de las formas para volver a sentirte dentro de tu cuerpo. Con la misma velocidad que la piel suda, el cerebro empieza a sacar ideas y a limpiar, depurar esa pesadez y redirigir la mente y sus pensamientos. Y empieza esa sincronización cuerpo-mente.  Especialmente cuando corro a ritmos vigorosos, fuertes, entro en un lugar donde el mundo se reduce al camino que tengo delante. La vista periférica se nubla y solo hay un foco. Es este momento cuando correr ocupa el tiempo que le robo a otras responsabilidades y se lo doy a mi cuerpo, a mi mente. 

Y, ¿esto por qué? Veréis, es que correr es como la vida y las expectativas se actualizan constantemente. Cambian a cada instante. Cuando logramos algo, o cuando por lo contrario no alcanzamos una meta (nuestra propia meta, nuestra propia imposición y condena) las expectativas naturalmente se restablecen. En ocasiones tenemos que saber que nos hemos pasado de cocción para saber cuál es el límite. Una vez has superado ese límite sabes como y cuando retroceder y mantenerlo todo sostenible. No cedas a ti mismo, no te abandones. 

Pero bueno, en este caso voy a dejar la parte de entrenamiento pura para el final, sin mezclar una cosa con la otra, y os analizo un poco lo que he ido haciendo en el mes de agosto, con dos semanas de vacaciones y una vuelta a la rutina necesaria.

Como decía, agosto no ha tenido carreras. La última fue a finales de julio, por lo que el objetivo era claro: aprovechar las dos semanas de vacaciones para entrenar, pero priorizando un descanso máximo. Desacoplarme de la rutina y la velocidad del día a día. En cuanto a entrenamiento, hacer mas uso de la bicicleta para aumentar el volumen sin impacto, e ir generando una base para la segunda parte del año y de cara al invierno. Todas las horas son importantes, pero las salidas en bici con amigos o con la familia no tienen precio. 

  • 27 julio-2 agosto: 102km carrera a pie (+1500m) // 115km bici (+2500m) // 2:30h gimnasio
  • 3-9 agosto: 118 km carrera a pie (+2300m) // 315km bici (+4500m) // 90' gimnasio
  • 10-16 agosto: 127km carrera a pie (+1500m) // 275km bici (+3100m) 
Lunes 17 de agosto, vuelta al trabajo. Periodo de reorganización de trabajo, incertidumbres y ganas de encontrar "monotonía". 
  • 17-23 agosto: 140km carrera a pie (+1300m) // 80km bici (+1200m) // 80' gimnasio
  • 24-30 agosto: 116km carrera a pie (+1700m) // 80km bici (+1000m)
  • 31 agosto-6 septiembre: 123km carrera a pie (+2000m) // 100km bici (+1100m) // 75' gimnasio
Los que ya habéis ido leyendo las entradas del blog, sabéis que suelo añadir entrenamientos interesantes etc. cuando resumo las semanas. Esta vez no lo voy a hacer. Primero porque realmente no he hecho nada del otro mundo, acumular acumular y acumular. Intensidad media baja y algún que otro apretón. Pero sobre todo, porque el día 23 de agosto pasé una noche en el hospital. Aunque no recuerde gran cosa, por lo que quien allí estuvo y me ayudó, me desmayé después de una carrera. No fue una carrera más larga, más dura, más calurosa... no fue nada distinto, mi plan previo y durante creo que tampoco lo fue. Mi cuerpo sí lo era. La causa debió ser un síncope vasovagal. Por suerte las pruebas realizadas a posteriori no presentan alteraciones, menos mal. Tendré que prestarme más atención. 

Pero bueno, tras este "mal trago", en los próximos dos meses trataré de mejorar mi forma en esfuerzos cortos y kilómetro vertical. La idea es seguir acumulando volumen pero añadiendo intensidad de forma distinta. Veremos lo que pasa. Por lo menos espero no sincopar de nuevo... :)

Gracias como siempre a todos por el apoyo!

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